Mt 6, 24-34
Resulta bastante compleja y rica en su enseñanza la Palabra de Dios que hoy se nos ha proclamado, pero al mismo tiempo unida por un sólo tema: la con fianza que debemos poner en Dios. Por eso voy a centrar mi reflexión en esta cuestión ¿De que manera podemos percibir en esta vida el cuidado fiel y amoroso de Dios por nosotros?
1. La providencia de Dios se nos da a conocer en este Evangelio a través de una imagen doble que al mismo tiempo se contrapone: los lirios del campo y las aves del cielo (aunque tal vez para esta reflexión sea mejor recoger la imagen que nos propone el evangelio de Lucas al hablar de los cuervos: Lc 12, 24); los lirios a los que Dios viste y los cuervos a los que Dios alimenta se nos ofrecen como un signo del cuidado amoroso y fiel de Dios sobre la naturaleza que al mismo tiempo tiene que ser para nosotros una expresión del cuidado más grande que Dios tiene por cada uno de sus hijos, por eso el mismo Jesús nos dice –Si esto hace Dios “con la hierva del campo, que hoy florece y mañana se hecha al horno”- ¿no hará mucho más por ustedes? ¿A caso no valen ustedes más que todas las aves del cielo?
2. Pero ahora quisiera llamar su atención sobre el trasfondo de esta providencia divina. El cuervo con su feo color y figura, así como con su graznido desagradable ha venido a ser incluso un signo de ingratitud (cría cuervos te sacaran los ojos dice un refrán). Los lirios por su parte son hermosos y han llegado a ser signos de pureza. Con esto se nos quiere decir: la acción de Dios en este mundo se realiza en medio del contraste de la muerte y de la vida; de la hermosura y al mismo tiempo de la fragilidad de las cosas; con lo desagradable que vivimos y que sin embargo forma parte de este mundo.
Por lo tanto nos dice hoy el evangelio ¡No se inquieten! O tal vez dicho de otra forma, ¡que no nos desconcierten los acontecimientos de nuestra vida entrelazados por ambos aspectos!, la vida o la muerte, haciéndonos pensar, como escuchamos en la primera lectura del profeta Isaías: “El Señor nos ha abandonado, el Señor me tiene en el olvido”. El signo que se nos ofrece el día de hoy del ritmo de la naturaleza por la que Dios se ocupa de que no les falte nada es signo de algo más grande: El Padre celestial sabe lo que cada uno de nosotros necesita para conseguir el Reino de los cielos.
Por eso se nos insiste: “¿Quién a fuerza de preocuparse puede prolongar su vida siquiera un momento?” La Biblia sabe muy bien que a diferencia de las aves y de las flores del campo nosotros si tenemos que trabajar para conseguir de comer y ropa para proteger nuestros cuerpos, por eso no nos dice ¡no trabajen! Sino que nos advierte que la preocupación que tenemos por la vida no se convierta en algo tan agobiante que nos olvidemos que nuestra vida depende de Dios y no de nosotros “¿Quién a fuerza de preocuparse puede prolongar su vida siquiera un momento?”, ¡Trabajemos! Pero no de tal forma que por eso siempre andemos enojados, o nos perdamos de las cosas hermosas de la vida como son la familia, los amigos o la admiración por lo que tenemos a nuestro alrededor, de ahí la invitación de Jesús: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura”.
3. Vale la pena esforzarse en esta vida a pesar de los fracasos que en ella experimentamos porque el Reino de Dios, es decir, la presencia salvadora de Dios esta ya actuando entre nosotros haciendo por lo tanto que nuestra vida con sus afanes y fatigas tenga su sentido y razón de ser. Este sentido y razón de ser de nuestra vida lo ofrece la búsqueda del reino de Dios y no sólo la fatiga por mantenernos en esta existencia.
4. Oración.
Señor tu dices que los que no te conocen o tienen poca fe se desviven de tal manera por las cosas de este mundo que terminan llenos de angustia, cansados por no conseguir todo lo que quisieran y desesperados ante las adversidades de la vida, por eso Señor nosotros que hoy hemos escuchado esta palabra te decimos ¡aumenta nuestra fe! Que nos haga saber que nuestra vida esta en tus manos de Padre providente y que nos ofreces tu Reino hoy a través de los caminos mas o menos complejos de esta vida, que esta forma de alcanzar tu Reino no nos desconcierte y nos haga perder el rumbo, sino que nos esforcemos por conseguirlo manteniéndonos en la confianza y en la fidelidad a ti, a pesar de lo mucho que nos cuesta ver tu mano amorosa en las situaciones dolorosas de nuestra vida. Que María Santísima y tu Hijo Jesucristo nos hagan decir en cada acontecimiento de nuestra vida: “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Amén.
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