Domingo 28 Ordinario (Ciclo C -2007)
Oración colecta.
Este domingo voy a tomar como punto de partida para la reflexión la oración inicial de la misa porque en ella hemos pedido a Dios algo muy especial: que su gracia nos inspire y acompañe para que podamos descubrirlo en todos y amarlo y servirlo en cada uno. Ciertamente al detenernos a pensar lo que pedimos en esta oración no resulta difícil reconocer la presencia de Dios en las personas santas, ¿cómo no poder decir que la presencia de Dios era tan viva en el papa Juan Pablo II? O en la madre Teresa de Calcuta, o también por que no decirlo en personas que conviven con nosotros y que por su amabilidad y buen trato nos hacen sentir la presencia amorosa de Dios.
Pero la oración dice que lo debemos de descubrir en “todos” lo cual incluye, digámoslo de esta manera, a los malos de los que por instinto apartamos nuestra mirada y no queremos tener trato con ellos porque nos repugna su manera de hablar, de vivir o de pensar. ¿Cómo es posible afirmar una presencia de Dios en ellos? Es decir en aquellos que nos han mentido, traicionado, quienes roban o asesinan, etc.
Y tratando de encontrar una respuesta esta pregunta recordaba que el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica que nos dirigió al inicio de este tercer milenio afirma que Cristo para rescatar al hombre del pecado y devolverle la dignidad de hijo de Dios, ha tenido que “cargarse incluso el rostro del pecado”. El profeta Isaías al anunciar este misterio tan profundo de amor, que tal vez nunca llegaremos ha comprender completamente, habla del siervo que cargó sobre sí nuestros crímenes – es decir se refiere a Jesús- y dice de él: “Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante que no tenía ya aspecto de hombre” (52,14).
Nos puede parecer escandaloso pero Cristo al encarnarse y asumir nuestra condición humana ha querido apropiarse el rostro de cada hombre y de cada circunstancia especial en la que este ser humano vive, por eso es posible afirmar que podemos contemplar el rostro de Cristo en la persona amable y buena, así como el rostro deformado de Cristo en el malvado, pero que aún así sigue siendo el rostro de Cristo.
¿Cómo poder llegar a ver plenamente el rostro del Señor? Dice el siervo de Dios Juan Pablo II que para llegar a la contemplación plena del rostro del Señor no se puede llegar sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrecen el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresión culminante en la solemne proclamación del evangelista Juan: «Y
Y aún más la oración pide que habiendo descubierto esta presencia de Cristo en todos lo podamos servir y amar en cada uno, tal vez podemos recordar aquel evangelio que nos dice: “Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y me vinieron a ver” Y ¿cuando lo hicimos? Cuando lo hicieron con el mas pequeño –dice Jesús- con migo lo estaban haciendo. Y quienes así lo hicieron irán a la vida eterna.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario