Domingo Mundial de las Misiones
(Ciclo C – 2007)
Los Obispos de América Latina y El Caribe convocados por el Santo Padre el Papa Benedicto XVI se reunieron en Brasil, en el santuario de Nuestra Señora Aparecida del 13 al 31 de Mayo de este año para celebrar la quinta Conferencia General del Episcopado que tuvo por tema: Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida.
Y precisamente esto tiene mucho que ver con nosotros en este día en que celebramos el domingo mundial de las misiones, pues la Iglesia quiere hoy renovar la autoconciencia que tiene de sí misma, ella ha sido establecida en el mundo para ser en Cristo sacramento de salvación (LG 1), esto es, testimonio perenne para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares de la vida que el Padre misericordioso quiere darnos en su Hijo Jesucristo. Esta vida es el centro de la Buena Noticia del Evangelio que el mismo Jesús encomendó a los Apóstoles predicar por todo el mundo. “Los cristianos –dicen nuestros obispos en Aparecida-somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de tribulaciones” (no. 30).
¿Cuál es el contenido de la Buena Noticia del Evangelio? Desde luego que se trata de la persona misma de Jesús bajo cuya luz es posible entender el sentido de la historia de la humanidad y de cada persona y de cada situación en que se va desarrollando nuestra vida. El documento de Aparecida nos presenta cinco aspectos de esta buena noticia: La buena nueva de la dignidad humana; de la vida; de la familia; de la actividad humana; del destino de los bienes y la ecología.
En cada uno de estos anuncios se nos propone el proyecto de vida que brota de la persona de Jesús como alternativa a lo que el mundo que pretende existir sin Dios nos ofrece y que de forma admirable se ha realizado en la persona de los santos, desde luego de la Iglesia Universal., pero de forma particular en aquellos que pertenecen a nuestro continente.
Así, si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en cada uno de nosotros y ha herido nuestra condición humana, herida que experimentamos en esa lucha interna entre saber el bien que tenemos que hacer y acabar haciendo el mal, la buena nueva –nos dicen nuestros obispos- consiste en anunciar que Cristo ha redimido al hombre y lo ha restablecido en la gracia, punto de partida para entender nuestra dignidad de personas.
En Jesucristo Dios ha revelado la altísima vocación del ser humano a la vida divina, por eso ante el materialismo que pretende anclarnos sólo en lo que vemos aquí y ahora, Jesús nos revela el amor de Dios que puede llegar a ser conocido en el desarrollo de nuestra vida espiritual; ante la desesperación de un mundo que ve en la muerte el término definitivo de nuestra existencia, Jesús nos promete la resurrección; ante la idolatría de los bienes terrenos, Jesús nos presenta la vida en Dios como valor supremo; ante el individualismo, Jesús nos convoca a vivir en una comunidad fraterna en la que nadie se debe sentir excluido.
Para este proyecto es que somos llamados a ser discípulos y misioneros: para llevar la vida que Dio nos ofrece en Jesucristo; por eso nuestra respuesta exige entrar en la dinámica del buen samaritano que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente del que sufre, del que ha perdido el sentido a esta vida y generar una sociedad sin excluidos (no. 135). En especial, este signo debe darse en nuestras eucaristías, en el trato personal y caritativo de unos para con otros y en el que podemos descubrir a un Dios que por nosotros da la vida y nos da vida, esto es una identidad en medio de una comunidad fraterna.
¿Cómo hacer esto una realidad en nuestra comunidad? El mismo documento nos presenta un itinerario formativo de los discípulos misioneros, pero de eso hablaremos otro día.
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